
La llegada de un nuevo hermanito, una mudanza a una casa más amplia o el ingreso a un colegio de mayor nivel académico suelen considerarse acontecimientos positivos y motivos de alegría en el hogar.
Sin embargo, para un niño pequeño, cualquier modificación en su entorno cotidiano representa una sacudida profunda. Cuando de pronto un hijo que solía ser alegre y seguro comienza a mostrarse irritable, llora con facilidad o se niega a separarse de mamá, muchos padres se sienten desorientados y preocupados.
En el episodio 2 de En consulta privada con Pilar Cortés, producido por Juan Diego Network, la psicóloga y consultora familiar Pilar Cortés aborda el caso de Camila, una niña de cuatro años cuyos padres experimentan precisamente esta encrucijada. A través de este caso real, Pilar Cortés nos ofrece una mirada compasiva, pedagógica y profundamente humana para comprender qué ocurre en el interior de un niño ante las transiciones y cómo podemos convertirnos en su puerto seguro.
El terremoto emocional de las transiciones en la infancia
Para los adultos resulta natural proyectar el futuro, asumir riesgos calculados y adaptarse a las novedades con relativa rapidez. En la infancia, en cambio, la necesidad de estabilidad y confort ocupa un lugar prioritario en la psique.
Como explica Pilar Cortés:
"Las transiciones en sí son difíciles para un niño chiquito. Él está en donde está, y el cambiar, dejar o renunciar a hacer algo que está disfrutando es complicado... Esto lo que provoca es como si fuera un terremoto que viene a mover absolutamente todo alrededor de la vida del niño, y entonces se siente en medio de caos. Y eso es la ansiedad: sentir que necesito controlar algo que no puedo controlar."
El cerebro infantil vincula la predictibilidad con el instinto básico de supervivencia. Cuando coinciden múltiples cambios a la vez (aunque todos sean favorables), el nivel de novedad desborda los recursos adaptativos del pequeño. Al romperse el equilibrio entre lo que le genera estrés y lo que le brinda calma, surge la angustia, manifestada en irritabilidad, llanto frecuente o una necesidad imperiosa de apego físico.
El apego no es retroceso: la necesidad de «volver al nido»
Uno de los síntomas más habituales en estas etapas es el apego intenso hacia la figura materna o paterna. Lejos de ser un retroceso en el desarrollo o un capricho, se trata de una respuesta saludable frente a la incertidumbre.
Cuando el piso sobre el cual camina el niño parece tambalearse, busca aferrarse a su columna principal de seguridad. Como señala la especialista:
"Esta niña dice: 'Oye, espérame, aquí están habiendo demasiados cambios. Déjame ver que lo que yo más necesito en esta vida no se me vaya a desaparecer. ¿Y qué es eso? Es mi mamá y esa es mi columna'... Son momentos en el desarrollo del niño en donde tiene etapas en donde se siente ya suficientemente seguro y sale a explorar, y hay veces en donde ya hay demasiada variedad y lo que necesita es regresar al nido y nutrirse y tocar base."
Comprender que esta conducta es pasajera permite a los padres responder desde la paciencia y no desde la frustración. El niño necesita recargar su tanque emocional en la certeza del amor de sus padres para, posteriormente, volver a explorar el mundo con autonomía.
7 Herramientas prácticas para restaurar la calma en casa
Pilar Cortés comparte una serie de pautas concretas y eficaces para reducir la ansiedad infantil en el día a día:
1. Cuidar la autorregulación de los padres
El corazón y el sistema nervioso de los hijos están conectados al de sus cuidadores. La psicóloga subraya que los abordajes más eficaces en el manejo de la ansiedad infantil inician cuando los padres gestionan su propio estrés, toman decisiones que simplifiquen la rutina y evitan saturarse de compromisos innecesarios. Transmitir serenidad requiere cultivarla primero en el propio interior.
2. Garantizar la disponibilidad y presencia
Especialmente tras el nacimiento de un segundo hijo, el primogénito experimenta el duelo de compartir la atención exclusiva que antes recibía. Brindarle espacios individuales de dedicación plena le confirma que su lugar en la familia y en el corazón de sus padres sigue intacto.
3. Crear horarios y rutinas visuales
La anticipación combate el caos. Diseñar un horario visual mediante dibujos o fotografías permite al niño que aún no sabe leer prever el orden del día. Saber qué actividad sigue le devuelve una reconfortante sensación de control y estabilidad.
4. Suavizar las transiciones cotidianas
Avisar con tiempo antes de cambiar de actividad, llevarlo a conocer con anticipación nuevos espacios o personas y explicar con calma los pasos a seguir ayuda a que el niño asimile los cambios de forma paulatina.
5. Fomentar el contacto físico, la risa y el juego libre
Contacto afectivo: Las caricias, los abrazos y los masajes nocturnos estimulan la producción de oxitocina, hormona ligada al vínculo y a la seguridad.
Momentos de risa: Juegos sencillos y risas compartidas liberan endorfinas que alivian la tensión corporal.
Juego simbólico: El juego libre y de fantasía (como cuidar muñecos o disfrazarse) es la herramienta natural mediante la cual los niños procesan y digieren los eventos de su vida real.
6. Permitir la repetición de cuentos
Cuando un niño pide escuchar la misma historia una y otra vez, busca reencontrarse con lo conocido y lo predecible en medio de un entorno cambiante. La repetición actúa como un bálsamo de certeza.
7. Respetar los objetos de transición
Peluches, mantitas o prendas especiales funcionan como extensiones emocionales de los cuidadores principales. Dado que la corteza prefrontal del niño aún se encuentra en desarrollo, estos objetos sirven como bastones temporales que facilitan la autorregulación y no deben ser retirados con brusquedad.
Preguntas para la reflexión familiar
¿Qué situaciones o compromisos actuales están incrementando el estrés en nuestro hogar y podemos simplificar?
¿Estamos ofreciendo a nuestros hijos momentos de conexión y contacto físico exclusivo, libres de pantallas y prisas?
¿Cómo podemos estructurar mejor las transiciones del día a día para brindarles mayor predictibilidad?
Acompañar los procesos emocionales de los hijos exige paciencia, ternura y la certeza de que cada etapa de inestabilidad es una oportunidad para fortalecer los cimientos del amor familiar.
Para profundizar en estas herramientas y escuchar la explicación completa de este caso, escucha el episodio en tu plataforma favorita:
