
El inicio de un nuevo ciclo escolar despierta un sinfín de emociones tanto en los niños como en los padres. Llegan los nuevos horarios, las exigencias académicas, los cambios de salón y los retos sociales. En medio de esta transición, una de las preguntas más recurrentes y profundas que surgen en el corazón de las familias es: ¿cómo logro que mi hijo me cuente lo que realmente vive y siente en su día a día?
Muchos padres experimentan la frustración de recoger a sus hijos del colegio, preguntarles con ilusión "¿cómo te fue?" y recibir únicamente monosílabos como respuesta. En el fondo, existe el temor de que, al crecer y enfrentar situaciones cada vez más complejas, se cierren por completo y no sepamos cómo acompañarlos.
En el podcast En consulta privada, una producción de Juan Diego Network que busca llevar luz y herramientas psicológicas prácticas a los hogares, la psicóloga y consultora familiar Pilar Cortés aborda este dilema a partir de una consulta real: ¿cómo se construye la confianza con nuestros hijos de tal forma que se sientan cómodos compartiéndonos sus temas personales?
Por qué los hijos dejan de compartir: Los errores más comunes
La confianza no se exige; se cultiva en las interacciones más pequeñas y cotidianas. Pilar Cortés señala que, en la mayoría de los casos, somos los mismos padres quienes, sin darnos cuenta y con muy buenas intenciones, desmotivamos a los hijos a seguir abriéndose.
"Un hijo nos va a contar sus cosas si cuando te comparte algo siente que le ayudó." — Pilar Cortés
Cuando un niño intenta expresar su mundo interior y la respuesta que recibe le genera rechazo, juicio o mayor angustia, aprende a callar. A continuación, revisamos las principales trampas de comunicación en las que solemos caer:
1. Responder con soluciones o consejos inmediatos
Es el error más frecuente. Ante una queja como "me chocan las clases" o "me molestan mis compañeros", tendemos a resolver: "pues participa más para que no te aburras" o "defiéndete, no te dejes". Dar un consejo ante un simple desahogo se siente como un portazo; el niño no busca una clase de estrategia, busca sentirse comprendido.
2. Dirigir la conversación hacia ti
Ocurre cuando el hijo expresa un disgusto y el adulto responde hablando de su propio cansancio o de su pasado: "cuando yo tenía tu edad, a mí ni me dejaban opinar". Al hacer esto, anulamos su espacio para colocar nuestras necesidades por encima de las suyas.
3. Ponerte del lado contrario
Por querer fomentar la empatía hacia los demás, a veces defendemos a la maestra o al amigo antes de escuchar el dolor del hijo ("es que para tu maestra tampoco es fácil"). Antes de enseñarle la perspectiva del otro, el niño necesita sentir que tú eres su lugar seguro y que estás de su lado.
4. Juzgar, evaluar o corregir las formas
Los niños aún están aprendiendo a comunicarse; por ello, suelen usar palabras o tonos inadecuados. Si ante una confesión nos enfocamos en corregir el modo ("no debiste gritar", "esas no son formas"), perdemos el fondo emocional y apagamos su deseo de seguir hablando.
5. Minimizar su dolor
Frases como "no es para tanto" o "no llores por eso" transmiten el mensaje de que su vivencia no es válida. Aunque desde la perspectiva adulta el problema parezca pequeño, para la edad y el mundo del niño es una realidad inmensa.
6. Ponerse a la defensiva
Si el niño reclama algo hacia nosotros ("siempre prefieres a mi hermano"), la reacción reactiva ("claro que no, con todo lo que hago por ti") busca ganar una discusión en lugar de indagar de dónde nace esa herida.
7. Criticar, humillar o descalificar
Etiquetar al niño con frases como "eres un dramático" o "pareces niñita chillona" deja heridas profundas de rechazo que lo llevan a mutilarse emocionalmente, concluyendo que mostrar vulnerabilidad es peligroso.
8. Explotar o desmoronarse emocionalmente
Si los padres pierden la calma, se angustian en exceso o entran en caos ante la angustia del niño, el hijo optará por guardarse sus problemas para no desestabilizar a los pilares de su hogar.
La regla de oro: Conectar antes de dirigir
Para transformar la comunicación en casa no necesitamos discursos elaborados, sino un cambio de postura interior. Como explica Pilar Cortés:
«Connect before you direct: primero conecto, después dirijo.»
Los niños necesitan que validemos su emoción antes de que podamos orientar su conducta. La respuesta constructiva se resume en tres verbos esenciales: escuchar, comprender y acompañar con paz.
Si tu hijo dice que la clase es aburrida, valida: "Entiendo, te resulta muy pesado estar tanto tiempo sentado. Cuéntame más."
Si te comparte que lo molestan, abre el espacio: "¿Te molestan? Cuéntame qué pasó, aquí estoy para ti."
Validar no significa quitar límites ni justificar malas conductas; significa recordarle al niño que su persona y sus emociones son importantes y están a salvo con nosotros. Cuando un hijo se siente acompañado, experimenta una solidez interior que le da valentía para enfrentar cualquier reto escolar.
Para aterrizar este proceso en la vida diaria, Pilar Cortés destaca la importancia de dos actitudes fundamentales:
Presencia abierta (dejar "el deber ser"): Recibir al hijo con curiosidad genuina, dejando a un lado las expectativas rígidas sobre cómo "debería" sentir o actuar. Cuando el niño percibe que no se le juzga, deja de construir fachadas y se muestra con autenticidad.
Sintonizar de corazón a corazón: Mirar más allá de la rabieta o la queja para identificar qué está necesitando en el fondo. A través de una postura relajada, mirada atenta y escucha serena, le comunicamos sin palabras que no está solo.
Tómate unos minutos de silencio y oración para revisar cómo está el puente de comunicación en tu hogar:
¿Cómo reacciono habitualmente cuando mis hijos me cuentan una queja o dificultad cotidiana: escucho en silencio o me apresuro a dar soluciones?
¿Suelo perder la calma o angustiarme cuando ellos experimentan dolor o frustración?
¿Qué pequeños espacios de presencia plena puedo regalarles hoy al regresar de sus actividades?
Para profundizar en este tema y descubrir más herramientas para la vida familiar y la salud mental desde una mirada de fe, escucha el episodio completo en el podcast «En consulta privada con Pilar Cortés
