La jerarquía de los demonios: quién manda en el infierno según la tradición católica

A principios del siglo XVII, en un convento de Francia, un inquisidor dominico llamado Sebastián Michaelis exorcizaba a una monja. Según su propio relato, el demonio que la poseía dio su nombre, Berit, y luego le dictó cómo estaba organizado el infierno: quién ocupaba cada rango, qué pecado promovía cada demonio y qué santo se le oponía.

Ese relato es uno de los documentos que revisa el Episodio 3 de Demonios: El Expediente Oculto, el podcast de Juan Diego Network conducido por Luis Diego Carranza. El episodio parte de una duda que muchos se quedan después de ver una película de exorcismos: si hay demonios con más poder que otros. Luis Diego responde con una frase que repite varias veces: depende de a quién le preguntes. Aquí te contamos de dónde salen esas respuestas.

Primero, una aclaración para católicos

Antes de entrar a los nombres, el episodio separa dos palabras que se suelen confundir. Un dogma es una verdad de fe que la Iglesia considera definitiva, como la Trinidad. La doctrina es más amplia: incluye enseñanzas que pueden desarrollarse con el tiempo y que distintos autores han interpretado de formas distintas.

Las jerarquías de demonios caen en el segundo grupo. Las escribieron frailes, obispos y teólogos católicos, pero ninguna se volvió dogma. Un católico puede estudiarlas, discutirlas y no estar de acuerdo con ninguna.

Los ángeles de la Biblia no son los de las estampitas

Para hablar de rangos entre demonios hay que empezar por los ángeles, porque la tradición cristiana entiende a los demonios como ángeles caídos. La Biblia menciona varios tipos: serafines, querubines, tronos, dominaciones, principados, potestades, virtudes, arcángeles y ángeles.

Algunos aparecen en escenas muy concretas. En Isaías 6, un serafín toca los labios del profeta con un carbón encendido y le dice que su pecado ha sido perdonado. En Génesis 3, cuando Adán y Eva salen del paraíso, Dios pone querubines y una espada de fuego para custodiar el camino al árbol de la vida. En Ezequiel, los querubines aparecen llenos de ojos, cargando el trono de Dios como si fuera un carro.

La Biblia describe a estos seres con varios pares de alas y muchos ojos, sin forma humana. Lo que no hace es explicar qué son exactamente, cómo se relacionan entre ellos ni cuál tiene más autoridad. Ese hueco lo intentaron llenar otros.

Nueve coros y una pregunta incómoda

Hacia el año 500, un autor conocido como Pseudo-Dionisio Areopagita propuso el primer orden completo. Imaginó a los ángeles como coros que cantan alrededor de Dios, repartidos en tres jerarquías. Durante casi mil años se pensó que era el Dionisio que conoció a San Pablo en Atenas, y eso le dio una autoridad enorme. Después se descubrió que era un autor posterior que había usado ese nombre.

De ese esquema salió una pregunta que llega hasta hoy: si un serafín cae, ¿sigue siendo serafín? La idea intuitiva fue que los ángeles caídos conservan su rango, y que por eso hay demonios más poderosos que otros.

El papa Gregorio Magno aceptó los nueve órdenes, aunque cambió el lugar de algunos, y habló de los tres arcángeles que la Biblia nombra: Miguel, Gabriel y Rafael. Siglos después, Santo Tomás de Aquino tomó la pregunta en serio en la Suma Teológica. Su respuesta: los demonios conservan el rango que les corresponde por naturaleza, pero perdieron la gloria. Tomás añade algo que cambia el cuadro: un ángel fiel puede dominar incluso al demonio de más alto rango, por la autoridad que le da la gracia de Dios.

Las listas que salieron de los juicios por brujería

Además del esquema de los coros, circularon clasificaciones no oficiales. Varias nacieron en un contexto oscuro: interrogatorios de la Inquisición y procesos contra supuestas brujas, muchos de ellos terminados en la hoguera.

En el siglo XV, el franciscano Alfonso de Espina escribió el Fortalitium Fidei, un tratado en cinco libros sobre las "guerras" de los fieles. En el libro dedicado a los demonios propone diez clases. Entre ellas hay duendes que hacen ruido y travesuras en las casas, demonios que provocan pesadillas, otros que toman la forma de personas conocidas y unos "demonios familiares" que comen y beben con la gente.

En 1589, Peter Binsfeld, obispo auxiliar de Tréveris, recopiló las confesiones de los procesos de brujería de su diócesis y publicó la lista que más ha llegado a la cultura popular. Asigna un demonio a cada pecado capital: Lucifer a la soberbia, Mammón a la avaricia, Asmodeo a la lujuria, Leviatán a la envidia, Belcebú a la gula, Satanás a la ira y Belfegor a la pereza.

La jerarquía de Michaelis, la del demonio Berit, vuelve a los nueve coros y añade a cada demonio un pecado y un santo que lo contrarresta. Belcebú, por ejemplo, aparece como príncipe de los serafines, ligado a la soberbia, con San Francisco de Asís como opositor. Luis Diego hace aquí una advertencia que vale para cualquier dato obtenido en un exorcismo: el demonio es el padre de la mentira, así que no conviene creerle todo.

La última clasificación del episodio ya no viene de la Iglesia. Heinrich Cornelius Agrippa, humanista alemán del siglo XVI, asignó un demonio a cada coro en su Filosofía oculta, un libro que sirvió de base a los grimorios posteriores. El episodio explica por qué el ocultismo parte de una idea casi opuesta a la cristiana: la de un conocimiento secreto reservado para unos cuantos elegidos.

Quién está por encima de todos

Las listas cambian de un autor a otro, pero el Nuevo Testamento usa esas mismas palabras, principados y potestades, con un propósito claro: decir que Jesucristo está por encima de todos ellos.

En Colosenses 2,15, San Pablo escribe que Cristo despojó a los principados y a las potestades y los exhibió en su triunfo por medio de la cruz. Filipenses 2 dice que ante el nombre de Jesús se dobla toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y los abismos incluyen a los demonios. Desde el primer capítulo de Marcos, la gente se asombra de que Jesús dé órdenes a los espíritus inmundos y estos le obedezcan.

Al final del episodio, Luis Diego da su opinión sin rodeos. Después de revisar las fuentes, él sí cree que existen distintos tipos de demonios con distintos grados de poder. Y saca una consecuencia práctica: si todo esto es real, nadie puede quedarse neutral. Para él, ponerse del lado de Cristo es a la vez un acto de fe y la conclusión lógica de lo que dicen esas mismas fuentes sobre quién tiene más poder.

Escucha el episodio completo

El Episodio 3 de Demonios: El Expediente Oculto dura unos 20 minutos y ya está en Spotify, YouTube y las demás plataformas de podcast: [link]. En la guía de recursos del episodio encontrarás las fuentes para revisarlas por tu cuenta, incluido el formato de las preguntas de la Suma Teológica:

Si tienes una pregunta sobre demonios, mándala a Luis Diego Carranza por sus redes o por las de Juan Diego Network. Algunas se responderán en un episodio dedicado solo a las preguntas de los oyentes, y los próximos episodios entran de lleno en los exorcismos, incluido el caso del convento francés donde apareció Berit.