
Tomar la decisión de interrumpir un embarazo suele describirse como un "momento", pero para quien lo vive, es en realidad un proceso cargado de ecos del pasado. No es una elección que ocurra en el vacío; es el resultado de una historia que comenzó mucho antes de la prueba positiva.
El refugio en la negación
Muchas mujeres describen una desconexión casi inmediata con su cuerpo al enterarse del embarazo. "No quería ni saber cuántas semanas tenía... solo quería resolverlo rápido", relata uno de los testimonios de Vidas Calladas. Esta urgencia no es indiferencia, es un mecanismo de defensa. El miedo es tan abrumador que el pensamiento se vuelve lineal: sobrevivir al presente, aunque eso signifique ignorar la realidad física y emocional de lo que está ocurriendo.
Las heridas que eligen por nosotras
La tanatóloga Yael Reynoso explica que, en ese cruce de caminos, aparecen "pasajeros invisibles": las carencias afectivas de la infancia, la inseguridad económica, el miedo al abandono o historias de abuso previo.
"La decisión se ve empañada por un entorno de ansiedad y depresión donde lo urgente le gana a lo verdaderamente necesario: el darnos un poco de tiempo para ver con más claridad".
Cuando una mujer se siente sola o presionada por su pareja o familia, su capacidad de decidir con libertad se fractura. El entorno, en lugar de ser un muelle seguro, se convierte en el motor de una huida hacia adelante.
Una grieta que viaja en el tiempo
El impacto de un aborto no se queda en la clínica o en la habitación. Es una herida que suele vivirse en un silencio absoluto, a veces por décadas. Hay mujeres que llegan a los grupos de acompañamiento, como El Viñedo de Raquel, después de 30 años cargando un secreto que ha condicionado sus matrimonios y la forma en que crían a sus otros hijos.
El perdón a una misma se vuelve cuesta arriba cuando la sociedad solo ofrece dos bandos, pero ningún abrazo. Sanar requiere, primero, romper el aislamiento y reconocer que detrás de cada historia hubo una mujer buscando, desesperadamente, una salida en medio de la oscuridad.
5 formas de ser un refugio (Escucha activa)
Si alguien cercano decide confiarte su historia, tu papel no es dar soluciones, sino sostener su realidad:
Valida el miedo, no el acto: Antes de opinar, reconoce su angustia. Un "veo que estás sufriendo mucho" abre más puertas que un consejo no pedido.
Silencia el juicio: Tu opinión política o religiosa es secundaria a la persona que tienes enfrente. Escuchar sin interrumpir es el primer paso de la sanación.
Pregunta por su historia: "¿Qué es lo que más te asusta hoy?" ayuda a que ella identifique las raíces de su ansiedad (económica, familiar, emocional).
No fuerces el "olvido": El aborto no se olvida, se integra. Permite que hable de su dolor cuantas veces sea necesario.
Ofrece presencia, no solo palabras: A veces, ser un refugio es simplemente estar ahí, en silencio, para que ella no tenga que cargar el peso sola.
Escucha esta historia completa en el podcast Vidas Calladas, un espacio para comprender el aborto en primera persona. Disponible en Juan Diego Network.


