
En el camino de la Cuaresma, es común caer en una trampa sutil pero peligrosa: la falsa humildad. Nos miramos al espejo, vemos nuestras caídas, nuestra falta de constancia en el ayuno o nuestra distracción en la oración, y concluimos que "no somos los indicados" No podemos ser lo suficientemente Cristianos. Pensamos que Dios seguramente prefiere a los grandes santos, a los teólogos o a personas "más espirituales" para llevar a cabo Su voluntad.
Sin embargo, el Nican Mopohua —el relato de las apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe— nos ofrece hoy una lección que sacude los cimientos de nuestra inseguridad y dignifica nuestra existencia.
El síndrome de Juan Diego: "Búscate a otro, Señora"
En el treceavo día de nuestro caminar hacia el Tepeyac, escuchamos a un Juan Diego que, abrumado por la magnitud de la misión, se reconoce indigno. Ayer hablábamos de reconocer nuestros defectos, pero hoy la Virgen nos prohíbe estancarnos en ellos.
Juan Diego le sugiere a la "Niña del Cielo" que envíe a alguien con más prestigio, a alguien que los españoles escuchen, a alguien que sí sea "digno de confianza". Es el grito de muchos de nosotros hoy: "Señor, usa a otro, yo no puedo".
La respuesta de la Reina: "Es necesario que seas TÚ"
La respuesta de la Perfecta Virgen es una de las joyas más brillantes de la teología guadalupana. Ella no niega que tiene otros servidores. De hecho, le dice con claridad: "Ten por cierto que no son escasos mis servidores, mis mensajeros... pero es necesario que tú personalmente vayas".
Esta frase rompe el esquema del "desierto" cuaresmal como un lugar de castigo. Nos revela que:
No eres un accidente: Tu presencia en este tiempo de conversión no es casualidad. Dios no te eligió porque no había nadie más disponible, sino porque Tu historia es parte del mensaje.
La intercesión personal: María necesita tus pies, tu voz y tu voluntad. Hay una parte de la "Casita Sagrada" (el Reino de Dios) que solo se construye con tu cooperación.
Dignidad sobre capacidad: La mirada de la Virgen dignifica. Ella no te pide un currículum de santidad perfecta; te pide tu disponibilidad personal.
El Mensajero es el Mensaje
Juan Diego no solo llevaba un recado, él mismo era el mensaje. El hecho de que fuera un "indito" humilde hablaba más de Dios que la petición misma del templo.
Hoy, en tu vida cotidiana, tú eres el mensaje de Dios. Tu esfuerzo por ser mejor padre, tu honestidad en el trabajo, tu paciencia en el tráfico y tu alegría a pesar de las pruebas, son la Tilma donde se está pintando la imagen de Cristo.
¿Cómo vivir esto hoy? (Reto de 24 horas)
La Cuaresma no es un ejercicio masoquista de autodesprecio. Al contrario, es el tiempo de reconocer que, aunque somos débiles, Dios nos ha dotado de dones y talentos únicos.
Haz un inventario de dones: No caigas en la soberbia, pero tampoco en la ingratitud. ¿Para qué eres bueno? Quizás cocinas el mejor arroz de la familia, quizás eres excelente con las finanzas o tienes el don de escuchar. Escríbelo. Dios te dio eso para que lo uses hoy.
Regala un "Eulogio": La palabra "eulogio" significa "buena palabra". En un mundo lleno de críticas y "hate" en redes sociales, ve con alguien hoy y dile sinceramente qué talento ves en él o ella. Hazle el día a alguien reconociendo la huella de Dios en su vida.
No camines solo
La conversión no se logra a fuerza de voluntad pura, sino dejándonos mirar por María. Ella nos dice hoy: "No estoy yo aquí que soy tu Madre?". Esa confianza es la que nos permite levantarnos del polvo de nuestras inseguridades y caminar hacia el Tepeyac de nuestra propia vida.
¿Sientes que tu Cuaresma se ha enfriado? No busques a "alguien más" para que ore por ti. Es necesario que tú personalmente vayas al encuentro del Señor.
