¿Confesarse en Cuaresma? Por qué el "regaño" del pasado no debe robarte la paz hoy.

Llega la Cuaresma y, con ella, ese bombardeo de mensajes sobre la conversión, el ayuno y, por supuesto, la confesión. Para muchos, esto suena a una invitación a la paz. Pero para otros —quizá para ti—, la sola idea de acercarse a un confesionario le revuelve el estómago.

No es falta de fe. Es memoria.

Es el eco de aquel sacerdote que te regañó hace diez años cuando por fin te habías atrevido a hablar. Es el recuerdo de una mala cara, de un tono de voz duro o de una frase que te hizo sentir más sucio de lo que ya te sentías. Como bien dice el Padre Mario Arroyo en el podcast Teología para Millennials, es doloroso ver cómo muchas personas se han alejado de la Iglesia durante 20 o 30 años solo porque en su última confesión se sintieron maltratadas. Dijeron: "hasta aquí".

Si ese es tu caso, lo primero que hay que decir es: lo sentimos. No debió ser así. La confesión es, por definición, el Sacramento de la Alegría, no un tribunal de castigo.

El peso de las culpas y la trampa de la resignación

Hay otro perfil muy común en nuestra generación: el del "resignado". Es ese joven que dice: "Padre, ya me cansé de confesar siempre lo mismo. Ya le dije a Dios: 'Mira, yo soy así; si te gusta bien, y si no, cuánto lo siento, pero no puedo vivir con este sentimiento de culpa eterno'".

Parece una postura valiente, pero en realidad es una trampa de cansancio. El Padre Mario Arroyo nos recuerda que no tiene sentido ir arrastrando el peso de nuestras culpas por la vida. Ese cansancio de "caer en lo mismo" es humano, pero la solución no es dejar de lavarse, sino entender para qué sirve el agua.

En la confesión, vamos a quitar de nuestra espalda un peso que no nos corresponde cargar. La misericordia de Dios no es un "pase de salida" para seguir pecando, es una fuerza que purifica y, sobre todo, que destruye el pasado.

Pecado confesado, pecado olvidado

Una de las ideas más potentes que nos comparte el Padre Mario es la certeza absoluta del perdón. A veces pensamos que Dios es como nosotros, que "perdona pero no olvida". Pero en la teología católica, el perdón de Dios es una aniquilación del mal.

"Pecado confesado, pecado olvidado, pecado perdonado", afirma el Padre Mario. Aquello que dijiste con arrepentimiento, cara a Dios, ya no existe. No cuenta. Su misericordia lo ha destruido. No tienes por qué seguir arrastrándolo en tu subconsciente ni en tu memoria como una mancha indeleble. Si Dios ya lo borró, ¿por qué te empeñas tú en seguirlo subrayando?

La delicadeza del encuentro

Es cierto que los sacerdotes somos humanos y, como dice el Padre Mario con un toque de realismo, a veces puedes "agarrar al confesor en un mal momento": quizá durmió mal, está agotado o simplemente le falta madurez pastoral. Pero eso no cambia la esencia del sacramento.

San José María Escrivá solía preguntar con una dulzura extrema al terminar de escuchar una confesión difícil: “¿Algo más, hijo mío?”. No había escándalo, no había enojo. No te están ofendiendo a ti como cura, están buscando a Dios. Por eso, el llamado es a la delicadeza infinita. Si te encontraste con lo contrario, recuerda que la fragilidad de un hombre no anula el poder de Dios.

¿Qué hacer si "la arteria está tapada"?

El Padre Mario usa una analogía médica brillante. Cuando una arteria importante se tapa, el cuerpo, en su sabiduría, crea "venitas laterales" o vasos capilares para que la sangre siga fluyendo.

Si hoy sientes que la "arteria" de la confesión está bloqueada por el trauma o el miedo, no cierres todas las demás puertas de la gracia. Empieza por las venitas laterales poco a poquito:

  • Vuelve a la Misa.

  • Reza el Rosario.

  • Bendice los alimentos.

  • Haz una obra de misericordia.

No dejes que se cierre todo el sistema. Confía en el tiempo y en la oración. Poco a poco, esa herida sanará y entenderás que necesitas la certeza del perdón para caminar ligero.

Esta Cuaresma, no te pedimos que vayas corriendo al confesionario si aún tiemblas de miedo. Te pedimos que escuches la voz de un Dios que no se escandaliza de ti. Como dice el Padre Mario Arroyo, todos somos pecadores, todos somos parecidos y todos necesitamos, desesperadamente, la misma misericordia.


¿Te quedaste con ganas de profundizar? Este artículo está basado en las reflexiones del Padre Mario Arroyo en el podcast Teología para Millennials. Te invito a escuchar el episodio completo donde profundizamos en cómo sanar nuestra relación con los sacramentos.

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