
¿Te ha pasado que al final del día sentís que corriste sin parar, que tu agenda estuvo llena de cosas, pero tu corazón sigue vacío? A veces vivimos como si estar ocupados fuera sinónimo de estar vivos. Entre redes sociales, trabajos, estudios y compromisos, pareciera que ya no queda espacio para simplemente ser.
En el primer episodio de esta nueva temporada de Más Libre Podcast, Karla Zúñiga y Loli Buteler nos invitan a detenernos y preguntarnos:
👉 ¿Cómo estoy viviendo mi tiempo libre?
👉 ¿Estoy usando las redes sociales como un refugio o como un ruido que me ahoga?
👉 ¿Qué significa realmente vivir con la mirada en el cielo mientras mis pies siguen en la tierra?
Un mundo que corre sin parar
Instagram, que nació como una plataforma para compartir momentos sencillos con amigos, hoy parece más un gran centro comercial: anuncios, consejos exprés, fórmulas mágicas de tres pasos para todo. Una vidriera infinita que nos promete felicidad inmediata.
Sin darnos cuenta, entramos en un consumismo disfrazado de bienestar. Compramos cosas, acumulamos información, llenamos nuestra cabeza de tips y consejos, pero seguimos con un corazón vacío. Como decía Loli en el episodio: “Me da la impresión de que empezamos a ahogarnos”.
La psicóloga María Calvo describe esta dinámica con una imagen muy clara: vivimos como si estuviéramos en una pista de hielo frágil, patinando cada vez más rápido para no quebrarnos. Nos da miedo frenar, porque al hacerlo aparecen las emociones que no queremos sentir, las preguntas que no sabemos responder, las heridas que evitamos mirar.
El tiempo libre no es pérdida de tiempo
En este contexto acelerado, el tiempo libre parece un lujo o incluso una culpa. Karla compartía que alguna vez leyó un libro titulado “Cuando descanso me siento culpable”, y probablemente muchos nos identificamos con ese título.
Pero el Evangelio nos muestra otra mirada. Jesús, en la casa de Marta y María, dice:
“Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas; y sin embargo, pocas son necesarias, o mejor dicho, solo una. María eligió la mejor parte, que no le será quitada” (Lc 10, 41-42).
María eligió sentarse a los pies del Señor. Eligió el tiempo libre como espacio de contemplación, no como ocio vacío, sino como un encuentro profundo con lo esencial.
Y esa es la invitación: el tiempo libre es un anticipo del cielo. No es improductividad, no es perder el tiempo. Es una inversión en lo eterno, un entrenamiento para lo que realmente nos espera: la contemplación de Dios.
Cambiar la actividad, sin cambiar la identidad
Una de las frases más potentes del episodio fue de Loli:
“El tiempo libre es cambiar la actividad, pero mantener mi identidad”.
Dejar de trabajar no significa dejar de ser. Al contrario, es en ese espacio donde más nos descubrimos: qué nos gusta, qué nos apasiona, qué nos inquieta. Si no hacemos pausa, no nos encontramos con nosotros mismos.
El desafío no es dejar de hacer, sino hacer de otra manera. Abordar aunque parezca inútil, pintar sin necesidad de vender, mirar el cielo, caminar en silencio. Todo aquello que no produce dinero ni reconocimiento, pero que sí nos devuelve al corazón.
Una mirada de fe: de la debilidad a la gracia
En este episodio también se citó a Jacques Philippe: “La debilidad no es un obstáculo para la santidad, sino el camino”.
Reconocer que nos cuesta frenar, que nos vence el algoritmo, que el celular nos roba horas… no es motivo de desesperanza. Al contrario: es la oportunidad de recordar que no podemos solos. No se trata de organizar mejor la agenda con técnicas de productividad, sino de volver a la fuente: la gracia de Dios, la oración, los sacramentos.
Como decía el Papa Francisco, necesitamos dejar de ser “pelajianos modernos”, esos que creen que basta su fuerza de voluntad. No. Necesitamos la gracia, porque este mundo nos ahoga.
Al final del episodio, Karla y Loli nos dejaron dos propuestas muy prácticas:
No renunciar a la oración diaria.
Aunque sea 15 minutos de silencio, de mirar al cielo, de agradecer. Ese tiempo es el que nos prepara para la eternidad.Agendar un espacio para perder el tiempo.
Literalmente bloquear un hueco en la agenda, no para trabajar ni para cumplir, sino para descansar, contemplar, hacer algo gratuito. Respirar, pintar, leer, caminar, simplemente estar.
Son pequeños pasos, pero son semillas de cielo aquí en la tierra.
Para no aburrirnos en el cielo
Un sacerdote le decía a Loli: “El que no alaba en la tierra, se va a aburrir en el cielo”. Y es verdad. Si no aprendemos ahora a contemplar, a disfrutar del silencio y de la presencia de Dios, corremos el riesgo de pasar nuestra vida distraídos, persiguiendo logros que en el cielo ya no tendrán sentido.
En la eternidad no habrá cargos, no habrá cuentas de Instagram, no habrá estatus. Solo quedará lo que no se puede perder: el amor, la presencia de Dios y la comunión entre nosotros.
Por eso, hoy es tiempo de empezar a ensayar la eternidad. No con grandes teorías, sino con gestos concretos: pausar, contemplar, orar, elegir la mejor parte.
Este episodio de Más Libre nos recuerda algo esencial:
👉 Somos más que nuestro trabajo.
👉 Somos más que lo que mostramos en redes.
👉 Somos hijos de Dios, hechos para el cielo.
El gran reto de nuestra generación no es correr más rápido, sino atrevernos a frenar. Y en ese silencio, descubrir la voz de Dios que nos dice: “María eligió la mejor parte, y no le será quitada”.
Quizá lo que más necesitamos no es más tips, más técnicas ni más información, sino aprender a perder el tiempo… para ganarlo en lo eterno.
✦ Te invitamos a escuchar este episodio completo en Más Libre Podcast y a compartirlo con alguien que también necesita un respiro.
