Lunes Santo: El aroma de un amor que no sabe de cálculos

La euforia de los ramos y los mantos extendidos en el suelo de Jerusalén empieza a desvanecerse. El ruido de la multitud queda atrás y, de repente, el Lunes Santo nos regala una escena de una intimidad que sobrecoge. El Evangelio de hoy (Juan 12, 1-11) nos lleva a Betania, a la casa de los amigos, al refugio de Jesús.

Faltan días para la Pascua. Hay una cena, hay risas de amigos que han visto a la muerte ser vencida —Lázaro está ahí, sentado a la mesa— y hay un gesto que detiene el tiempo.

El perfume que incomoda al mundo

María toma una libra de perfume de nardo auténtico, de alto costo, y unge los pies de Jesús. No solo lo derrama; los seca con sus cabellos. El texto nos dice algo hermoso y sensorial: "la casa se llenó de la fragancia del perfume".

En un mundo que nos enseña a medirlo todo, a rentabilizar cada minuto y a no dar nada "de gratis", el gesto de María es una bofetada de libertad. Ella no está comprando un favor, ni está cumpliendo un precepto. Ella está amando. Y el amor verdadero, cuando es pleno, siempre parece un "desperdicio" a los ojos de quien solo sabe de números.

La queja de Judas: El peligro de la "caridad" sin amor

Ahí aparece la voz de Judas Iscariote. Su queja suena lógica, incluso "pastoral": ¿Por qué no se vendió esto para darlo a los pobres? Pero Juan, con una honestidad brutal, nos revela que a Judas no le importaban los pobres, sino la bolsa que él manejaba.

A veces, nosotros nos parecemos a Judas. Nos volvemos tacaños con Dios bajo la excusa de la prudencia. Decimos: "¿Para qué tanto tiempo en oración?", "¿Para qué ir a misa entre semana?", "¿Para qué entregar tanto corazón si me pueden lastimar?". El Lunes Santo nos confronta: ¿Somos de los que perfuman los pies de Jesús o de los que sacan la calculadora para ver si "conviene" seguirlo?

Un Dios que se deja querer

Lo más conmovedor es la respuesta de Jesús: "Déjala". Él defiende la ternura. Él acepta el perfume porque sabe que ese gesto es el anticipo de su propia entrega. Jesús no necesita el nardo, pero nosotros sí necesitamos entregarlo para ser libres.

El perfume de María es el símbolo de una vida que se rompe para otros. Porque para que el aroma llene la casa, el frasco tuvo que romperse. No hay fragancia sin apertura, no hay resurrección sin entrega previa.

Tu Betania hoy

Este Lunes Santo, Jesús también llega a tu "Betania" personal. Llega a tu casa, a tu realidad, a tus cansancios de inicio de semana. Quizás te sientes como Lázaro, aún tratando de entender el milagro de estar vivo; o como Marta, sirviendo con prisa; o como María, con un frasco de perfume en las manos que te da miedo romper.

No tengas miedo de "desperdiciar" tu vida en Dios. No tengas miedo de ser "exagerado" en tu bondad, en tu perdón o en tu tiempo de oración. Al final, lo único que queda no es lo que ahorramos, sino lo que derramamos por amor.

Que hoy, al terminar el día, alguien pueda decir que tu presencia, tus palabras o tu servicio hicieron que "la casa se llenara de perfume".