
Parece que hoy en día, para entrar en la arena pública, los católicos debemos pasar por una especie de "aduana ideológica" donde se nos exige dejar nuestras convicciones más profundas en la puerta. Se nos dice que, para gobernar o legislar para todos, debemos hacer abstracción de nuestros principios. Sin embargo, ¿es realmente posible —o incluso honesto— pedirle a una persona que mutile su identidad para poder servir a la sociedad?
El Padre Mario Arroyo, en su análisis para el podcast Teología para Millennials el podcast de Juan Diego Network, aborda esta inquietud que muchos sentimos: ¿Se está metiendo la Iglesia en política cuando defiende la vida? ¿Debe un funcionario católico esconder su fe para no violar la laicidad del Estado?
Secularidad vs. Secularismo: El arte de distinguir
Para no perdernos en el debate, el Padre Mario nos propone una distinción fundamental que a menudo se pasa por alto en las discusiones de café o en los hilos de X (Twitter): la diferencia entre la secularidad y el secularismo.
La secularidad es, curiosamente, un valor con raíces profundamente evangélicas. Cuando Jesús dijo aquello de "Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios", estaba fundando la legítima autonomía de las realidades temporales. La Iglesia no busca gobernar el Estado; reconoce que la política tiene sus propias reglas y procesos. En la secularidad, el Estado no es religioso, pero reconoce que la religión es un bien social, tal como lo es el deporte o el arte.
Por el contrario, el secularismo actúa como una "máscara agresiva". Bajo el pretexto de la neutralidad, busca recluir la fe al ámbito privado, casi como si fuera un vicio que debe practicarse a escondidas. Como bien señala el Padre Mario: "El secularismo promueve, de hecho, un ateísmo de Estado... y la postura atea finalmente es una postura religiosa; el ateo cree que Dios no existe". Al final, el secularismo no es neutral; es una imposición ideológica que busca someter lo religioso.
El mito de la "doble vida" del político
Uno de los puntos más provocadores del análisis del Padre Mario es la crítica a la "doble vida". Existe la tentación de pensar que un católico en la esfera pública debe actuar como si no lo fuera. Pero, ¿qué confianza puede inspirar alguien que está dispuesto a traicionar sus principios más íntimos por un cargo?
"No sería honesto pedirle a una persona que tenga principios católicos que los esconda, porque sería estarlo discriminando por sus creencias religiosas", afirma el Padre Mario Arroyo.
Si elegimos a un representante por ser honesto, trabajador y coherente, lo elegimos con todo el "paquete". Pedirle que aparque su fe es pedirle que deje de ser quien es. Un político sin principios es, en última instancia, alguien peligroso, pues como advierte el Padre, "estaría dispuesto a vender a su madre con tal de mantener un puesto de poder".
Proponer, no imponer
Es vital entender que la participación de la Iglesia o de los laicos en la política no es un intento de "clericalismo" (esa injerencia injusta de la autoridad religiosa en temas que no le competen). Se trata de libertad de expresión y de conciencia.
Defender la vida desde la concepción o la estructura de la familia no es un "ataque" a la laicidad; es la propuesta de unos valores que consideramos esenciales para el bien común. Un Estado que respeta la secularidad valora estas aportaciones porque reconoce que la fe está en la raíz de la identidad de su pueblo.
La coherencia como acto de rebeldía
Vivir la fe en el mundo profesional y político de hoy requiere valentía. No se trata de imponer el Catecismo a golpe de decreto, sino de que nuestras decisiones estén iluminadas por la verdad que hemos encontrado en Cristo.
Como millennials, estamos cansados de la política de apariencias. Buscamos autenticidad. Y la autenticidad comienza cuando dejamos de pedir perdón por creer y empezamos a servir a la sociedad desde lo que realmente somos: discípulos que buscan el bien de todos, sin esconder su brújula moral.
¿Quieres profundizar más en este tema? Este artículo está basado en las ideas compartidas por el Padre Mario Arroyo en el episodio ¿Un sacerdote puede hablar de política?. Te invito a escuchar el análisis completo en el podcast Teología para Millennials, disponible en Spotify, Apple Podcasts y todas las plataformas de Juan Diego Network.
