
A veces el silencio no empieza porque no haya dolor, sino porque el primer intento de hablar terminó en abandono.
En la historia del aborto, solemos enfocarnos en el momento de la decisión, pero poco se habla del "día después". Ese día que se convierte en meses y años de una carga invisible. Para muchas mujeres, callar no es una elección, sino un mecanismo de defensa ante un entorno que parece listo para señalar, pero no para sostener.
La negación como refugio
Negar no es sinónimo de olvidar; a veces es la única forma de seguir funcionando. Cuando el dolor es demasiado grande para procesarlo, el alma lo guarda "al fondo, lo más lejos posible".
"Me veía en el espejo y decía: esto no pasó. Se va al fondo, lo más lejos posible, porque esto jamás pasó". — Testimonio anónimo, Vidas Calladas.
Esta negación suele manifestarse en una búsqueda obsesiva por la perfección: ser la mejor en el trabajo, la más delgada, la que tiene todo bajo control. Es un intento inconsciente de compensar una herida que, por dentro, se siente como un fallo irreparable.
El ruido que intenta anestesiar
Cuando el vacío se vuelve insoportable, aparece la huida. No siempre es una huida física; a veces es una vida llena de ruido, de agendas saturadas o de excesos que buscan silenciar lo que el vientre recuerda.
Sandra Lillingston, familióloga y experta en acompañamiento con más de 10 años de experiencia, explica este fenómeno:
"El guardarse cualquier tipo de problemática causa muchas veces hasta enfermedades físicas, porque estamos conteniendo algo que duele y que lastima, y que genera en mi cerebro cortisol. Entonces, este cortisol hace que mi cuerpo se intoxique y que somatice".
¿Por qué nos da miedo sanar el aborto?
El mayor obstáculo para buscar ayuda tras un aborto es el miedo al juicio. Existe una creencia profundamente arraigada de que el sufrimiento es el único castigo justo, y por eso, muchas mujeres rechazan incluso la amabilidad.
"¿Por qué me tratas bien si merezco ser tratada mal? Ese sentimiento de ser juzgada, de ser criticada, de ser señalada... yo creo que es por lo que más guardan silencio y no buscan la ayuda". — Sandra Lillingston en Vidas Calladas.
La sanación no llega a través del castigo, sino de la verdad dicha en voz alta frente a alguien que no juzga. Nombrar lo que duele no borra lo vivido, pero cambia algo fundamental: deja de vivirse en soledad.
Escucha la historia completa
Si quieres profundizar en estas realidades y entender cómo ser un verdadero refugio para quienes han pasado por un aborto, te invitamos a escuchar el episodio completo.
Escucha este testimonio en el podcast Vidas Calladas, un espacio para comprender el aborto en primera persona.
Este proyecto es una producción original de Juan Diego Network y busca revelar la humanidad detrás de cada historia, ofreciendo herramientas de compasión y empatía para el entorno de la mujer.
3 formas de ser un refugio para quien ha abortado
Escucha sin corregir: No intentes "arreglar" su sentimiento o darle lecciones de moral. El primer alivio llega cuando ella puede hablar sin ser interrumpida.
Valida el proceso: Evita frases como "ya pasó" o "no pienses en eso". El dolor del aborto tiene sus propios tiempos y ritmos.
No fuerces la confesión: Cada mujer tiene su momento para romper el silencio. Tu presencia constante y sin juicios es el mejor puente hacia su sanación.
