Tú no eres una cosa, eres más bien un regalo. Reconocer la lujuria constituye un acto de humildad, pues implica reconocer nuestras fallas. La lujuria daña nuestra identidad y nos convierte a nosotros mismos y a los demás en objetos. El mundo le dice “sí” al libre reinado de las pasiones y deseos lujuriosos. Dios dice que esta manera de vivir nos daña y distorsiona nuestra masculinidad y filiación.
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Así como Nuestra Señora de Guadalupe restauró la esperanza y filiación de san Juan Diego, así también ella desea restaurar tu filiación con Dios Padre.
Únete a nosotros en este camino espiritual de 40 días para restaurar nuestra identidad como hijos amados de Dios. A lo largo de esta experiencia, nos prepararemos juntos para consagrarnos a la Virgen de Guadalupe el 12 de diciembre, su gran fiesta.
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